Oración
Cuando vemos a Pedro, un discípulo con un historial de fallas y negaciones, sanando al paralítico Eneas o resucitando a Tabita (Dorcas), vemos la evidencia de un discípulo que, tras ser transformado, se dedicó a imitar a su Maestro. Él no dijo: “Yo, Pedro, te sano”, sino: “Eneas, Jesucristo te sana”. Esto es crucial para nuestra comunidad. El amor de Dios nos capacita, no nuestro propio esfuerzo. El poder no reside en el mensajero, sino en el mensaje: en la verdad de que Jesús es la solución.
Mientras preparaba el mensaje “Cuida tu León,” sentí una profunda carga en mi corazón: no basta con traer almas a la iglesia; debemos asegurarnos de que esas almas permanezcan. El camino de fe es un trayecto de santidad que se camina mejor en comunidad. La vida cristiana es un proceso que inicia en la salvación, […]
Nuestra fe no es una creencia pasiva. El amor de Dios es incondicional, pero la manifestación de lo imposible en nuestras vidas requiere un paso decisivo.