Vivir en Santidad
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Nuestra Identidad en Cristo
En esta enseñanza compartida en CARA Iglesia Cristiana, exploramos el llamado profundo y urgente a la santidad.
De acuerdo con la instrucción en Colosenses 3:1, si hemos resucitado con Cristo, nuestra prioridad debe cambiar radicalmente: debemos buscar las cosas de arriba, donde Él está sentado a la diestra del Padre.
No se trata de un esfuerzo humano por ganar el favor de Dios mediante reglas, sino de reconocer una realidad espiritual: ya hemos muerto al pecado y nuestra vida está ahora “escondida con Cristo en Dios”, tal como lo declara Colosenses 3:3.
Al entender esta nueva identidad, dejamos de vernos como esclavos de nuestro pasado para vivir como hijos amados en un proceso continuo de restauración.
Haciendo morir lo terrenal
Vivir en santidad requiere una postura firme y decidida.
La Palabra de Dios nos exhorta en Colosenses 3:5 a “hacer morir” lo terrenal en nosotros, mencionando específicamente la impureza, las pasiones desordenadas y la avaricia, la cual es señalada directamente como idolatría.
No podemos simplemente negociar o tolerar el pecado; debemos ser radicales en nuestra fe.
Como nos recuerda Romanos 6:11, el creyente debe “considerarse muerto al pecado pero vivo para Dios”.
Este proceso no es legalismo vacío, sino una respuesta de gratitud a la gracia que nos ha rescatado y que ahora nos capacita para reflejar el carácter santo de nuestro Creador.
Revestidos del Nuevo Hombre
La santidad no consiste solo en abandonar lo malo, sino en revestirse de lo nuevo.
Al despojarnos del “viejo hombre” con sus conductas egoístas, nos ponemos una nueva naturaleza que se renueva hasta alcanzar el conocimiento pleno, según leemos en Colosenses 3:10.
Esta transformación se manifiesta en una vida llena de entrañable misericordia, humildad, mansedumbre y paciencia, frutos que solo pueden brotar bajo la guianza del Espíritu Santo.
Finalmente, el propósito es que, como dice Mateo 5:16, nuestra luz alumbre ante los hombres para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos.