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Pelea Tu Bendición

Dios ya ha liberado tu bendición, pero debes pelear por ella. Valentín González te enseña a dejar de mendigar migajas ... Mostrar más
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Valentin_pelea tu bendicion

Valentín González lanza un llamado urgente a la iglesia: es tiempo de levantarse del estancamiento espiritual y pelear por lo que Dios ya ha entregado a sus hijos. El enemigo intenta sembrar pensamientos de derrota para mantenernos esclavos. Pero la victoria no se alcanza con pasividad, sino con fe y acción inmediata.


1. El Campo de Batalla y la Fe

Deuteronomio 20:1

  • El verdadero enemigo: Satanás busca robar, destruir y arrebatar las promesas de Dios.

  • Problemas gigantes, pero Dios más grande: Las adicciones, los patrones generacionales y los desafíos financieros no deben intimidar al creyente. Nuestra mirada debe estar fija en Dios.

  • Acción, no negligencia: Esperar milagros sin actuar solo fortalece al enemigo. La fe exige esfuerzo, valentía y compromiso.

2. El Tiempo de la Lucha es Hoy

Josué 10:12-13

  • No más postergaciones: El ayer ya pasó y el mañana es incierto. La bendición se toma hoy.

  • El ejemplo de Josué: No esperó condiciones perfectas. Consultó a Dios y actuó. Incluso pidió al sol que se detuviera para asegurar la victoria.

  • Aplicación: No esperes para perdonar, reconciliarte, o actuar con valentía. Dios se mueve con quienes se mueven.

3. Arrebata tu Milagro con Audacia

Marcos 10:46-52

  • No te conformes con migajas: Bartimeo era ciego y pobre, pero no aceptó su situación como final. Sabía que había más para él.

  • Fe que insiste: Aunque muchos intentaron callarlo, Bartimeo gritó aún más fuerte. Su perseverancia lo llevó a su milagro.

  • Lección: La bendición llega cuando no temes insistir, creer y actuar con osadía.

4. El Encuentro Solitario y la Transformación

Génesis 32:22-28

  • Peniel: el lugar de la lucha personal: Jacob, aunque bendecido, necesitaba un cambio profundo. Solo, sin su familia, enfrentó su mayor batalla: él mismo.

  • Dolor que transforma: El ángel tocó su muslo, dejándolo cojo. Pero allí, Jacob confesó su verdad, y Dios le cambió el nombre.

  • Nueva identidad: Al dejar de justificarse y asumir su culpa, dejó de ser “engañador” y se convirtió en “Israel”, un príncipe con Dios.

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