La Obra Inacabada (Pero Segura)
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La impaciencia del corazón ante el proceso divino
Muchas veces el ser humano vive dominado por la impaciencia y la ansiedad buscando resultados inmediatos sin entender los tiempos de Dios. Queremos contemplar la escultura terminada, pero olvidamos que estamos en las manos del Creador viviendo una transformación constante. Al rendirnos a su soberanía recordamos que Jehová cumplirá su propósito en mí como declara explícitamente el Salmo 138:8.
El propósito central de nuestra vida
Fuimos creados con un objetivo principal y eterno para reflejar la gloria y majestad divina en cada área cotidiana. Como señala la Escritura en Isaías 43:7, fuimos formados para su gloria y llamados por su nombre para darle honor absoluto. Cada acción diaria debe dirigir la alabanza hacia el Padre, tal como instruye 1 Corintios 10:31 al exhortar a hacer todo para la gloria de Dios.
Transformación profunda y testimonio exterior
Dios busca que le conozcamos íntimamente y nos invita a gloriarnos únicamente en entenderle y conocerle según declara Jeremías 9:23-24. Esta comunión interna moldea nuestra vida para ser conformados a la imagen de su Hijo según afirma Romanos 8:29. Así nos convertimos en embajadores de Cristo proyectando su luz como indica 2 Corintios 5:20 ante el mundo que nos rodea.
Confianza absoluta en la misericordia inagotable
Nuestra seguridad no descansa en nuestras propias fuerzas sino en la fidelidad inquebrantable y constante del Señor. Podemos vivir plenamente persuadidos de que el que comenzó la buena obra la perfeccionará como garantiza Filipenses 1:6. Sabiendo que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien según Romanos 8:28, descansamos en las misericordias nuevas de Lamentaciones 3:22-23.