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Dios es Fiel... ¿Y Tú?

Predicador
Karla Rios
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Karla Fiel

Esta poderosa predicación de la Pastora Karla Ríos, impartida en CARA Iglesia Cristiana, nos confronta con la inmensidad de la fidelidad de Dios en contraste con la tendencia humana a la infidelidad y la idolatría.

A través del vívido y a veces fuerte pasaje de Ezequiel 16:1-22, la Pastora Ríos desglosa la analogía de Jerusalén para ilustrar el rescate y la restauración que Dios ofrece a Su pueblo, y por extensión, a la Iglesia. Es una invitación a recordar de qué “Egipto” o condición de muerte fuimos rescatados, y a examinar aquello que hemos elevado por encima de nuestra comunión con el Creador.

 

De la Muerte a la Vida: El Rescate Divino

 

La narrativa comienza con la descripción de Jerusalén, nacida de tierra pagana y desechada desde su nacimiento. El profeta Ezequiel nos muestra una nación abandonada, “sucia en sus sangres” (Ezequiel 16:6). En ese momento de total desamparo, Dios pasa junto a ella y pronuncia dos palabras de vida: “¡Vive!” Este es el recordatorio de que, antes de Su intervención, nuestro destino era la muerte eterna. Él nos dio aliento, fuerza y esperanza cuando estábamos en nuestro “último aliento” (Ezequiel 16:7-8).

 

El Pacto de Amor, Adorno y la Hermosura de Dios

 

La fidelidad de Dios no se detiene en el rescate. El Señor nos lava, nos unge con aceite (símbolo del Espíritu Santo, Ezequiel 16:9), nos viste con bordado y seda, y nos adorna con joyas y diadema (Ezequiel 16:10-13). Dios hace un pacto solemne, convirtiéndose en nuestro esposo, y establece: “Fuiste mía”. Nuestra hermosura y renombre no provienen de nuestros atributos o méritos, sino de Su propia hermosura puesta sobre nosotros.

 

El Peligro de la Idolatría y la Infidelidad

 

El mensaje toma un giro desafiante al examinar la respuesta de Israel: “Pero confiaste en tu hermosura y te prostituiste a causa de tu renombre…” (Ezequiel 16:15). La idolatría no es solo arrodillarse ante una imagen, sino todo aquello (servicio, trabajo, relaciones, autosuficiencia) que atesoramos o colocamos por encima de Dios, coqueteando con el pecado. Se nos recuerda la instrucción clara de la Palabra de Dios sobre no unirnos en yugo desigual con los incrédulos (2 Corintios 6:14), y a no estorbar a otros en su fe por temor a la exclusión.

 

La Gracia Inmerecida y el Nuevo Pacto

 

A pesar de nuestra constante infidelidad y las consecuencias de nuestros actos, la conclusión es una muestra de la gracia infinita. Dios no es hombre para mentir o arrepentirse de Su palabra (Números 23:19). Él nos dice: “Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud y estableceré contigo un pacto sempiterno” (Ezequiel 16:60). Él nos restituye por Su pacto, no por el nuestro, llevándonos al arrepentimiento que es un don del Espíritu Santo. La gracia de Dios es la que permite que, a la luz de Su santidad, volvamos a vivir con una conciencia plena de Su constante presencia y amor.

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