Pongámonos de acuerdo
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La Comunicación: Un Reflejo del Amor de Cristo
La comunicación es la columna vertebral de toda relación duradera, pero ¿qué sucede cuando el diálogo en el matrimonio se convierte en una zona de guerra? En esta poderosa enseñanza, los Pastores Maximiliano y Judith Pérez de CARA Iglesia Cristiana abordan frontalmente el desafío de “Ponernos de Acuerdo” y nos recuerdan que la unión conyugal es un pacto de dos personas que se complementan, donde ambos son igualmente importantes ante Dios, creados como varón y varona.
El diálogo conyugal debe ser un reflejo del amor sacrificial y comprometido de Cristo por Su Iglesia, construyendo la relación sobre la firme base de la fe.
Las Armas Ocultas que Destruyen el Diálogo
Lamentablemente, en lugar de diálogo, las parejas a menudo recurren a “armas” destructivas. La falta de tiempo de calidad, el exceso de atención a las redes sociales (Netflix, TikTok) y el egoísmo han fragmentado la conexión familiar. Se han desarrollado tácticas dañinas como:
- La Explosión y la Ira: La discusión candente donde brotan palabras hirientes (ver Proverbios 15:1-2: La blanda respuesta quita la ira).
- El Silencio Prolongado: Usado como castigo, que revela incapacidad o desinterés para resolver los conflictos.
- El Arma Sexual: Negarse el uno al otro, un acto peligroso que la Biblia prohíbe para evitar la tentación (ver 1 Corintios 7:3-5).
- La Indiferencia o el Desprecio: Malos tratos que faltan al respeto y honra debida al cónyuge.
La Solución: El Poder del Espíritu y la Sabiduría
La clave para restaurar la comunicación no se encuentra en la técnica humana, sino en rendir nuestra voluntad a Dios. La convivencia exitosa viene de la mano del Fruto del Espíritu Santo. El llamado es claro: desarrollar Amor, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Fe, Mansedumbre y Templanza (Gálatas 5:22-23), cualidades que únicamente Él nos puede dar.
Los Pastores nos guían con pasos prácticos para vivir sabiamente en el hogar:
- Pedir la ayuda de Dios antes de iniciar cualquier conversación difícil.
- Buscar el momento apropiado para hablar, evitando el estrés y las prisas.
- Hablar con humildad, mansedumbre y paciencia (Efesios 4:2), sin imponer nuestra ley.
- Cumplir con el deber conyugal y honrar a la pareja como coheredero de la gracia de la vida (ver 1 Pedro 3:7).
- Practicar el amor ferviente que cubrirá multitud de faltas (1 Pedro 4:8).
Recuerda el mandamiento más grande: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37-40), siendo tu cónyuge tu prójimo más cercano. Si cultivamos la oración en pareja, la paciencia (Proverbios 14:29) y la sabiduría de Dios, el matrimonio no solo sobrevivirá, sino que se transformará en la bendición y armonía que fue diseñado para ser.