Uno Solo
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Pensar, Actuar, Vivir y Caminar en Unidad
Valentin González nos confronta con la estrategia silenciosa del enemigo: la desunión y el individualismo. Tras los estragos de la pandemia, que nos aisló y dividió, la iglesia de Cristo debe retomar el mandato y el anhelo de Jesús: que seamos “uno solo”.
Jesucristo, sabiendo las dificultades que enfrentarían Sus discípulos, no solo les dio instrucciones, sino que oró por ellos pidiendo al Padre: “que ellos sean uno como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean uno solo en nosotros” (Juan 17). La unidad es una esencia divina (Padre, Hijo y Espíritu Santo), y si nuestro propio cuerpo se divide, enferma. Si nos dividimos de Dios y de nuestros semejantes, estamos destinados al fracaso.
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En la Unidad Hay Paz y Bendición
- El deseo ferviente de Dios es que habitemos juntos en armonía. David lo describió como “cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía” (Salmos 133:1).
- Cuando el pueblo de Dios trabaja en armonía y equidad, Dios envía allí Su bendición y vida eterna. La unidad es el antídoto contra la contienda y el egoísmo (Filipenses 2:3), llevándonos a estimar a los demás como superiores a nosotros mismos.
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En la Unidad Hay Fortaleza
- El individualismo nos debilita, pero la compañía nos sostiene. El Rey Salomón nos recuerda con sabiduría: “Mejor son dos que uno… porque si cayeren, el uno levantará a su compañero. Pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:9-10).
- La unidad no solo nos levanta, sino que hace invencibles. Un “cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:12), siendo el tercer doblez la presencia de Cristo.
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En la Unidad Hay Poder
- El trabajo en equipo es una estrategia de Dios. El ejemplo del Capitán Joab, quien organizó a su ejército con orden y visión, asegurando: “Si los sirios fueren más fuertes que yo, tú me ayudarás; y si los amonitas fueren más fuertes que tú, yo te ayudaré” (1 Crónicas 19:12). En la unidad, se pone en orden la estrategia para la victoria, pues el pueblo unido no puede ser vencido.
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En la Unidad Hay Victoria
- Cristo es nuestra Paz y Él abolió la división. “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14).
- En Cristo, las enemistades, rencillas y divisiones están erradicadas. Somos “uno solo” en un nuevo hombre (Efesios 2:15), lo que nos convierte en más que vencedores ante las adversidades, dando un poderoso testimonio al mundo.
La invitación final es a abandonar la mentalidad egoísta y el “yo solo puedo,” y en su lugar, involucrar a Dios y a Su cuerpo en cada área de nuestra vida.